Gabrielle Carteris, la actriz que interpretó a Andrea Zuckerman en la serie de culto de los 90 "Beverly Hills 90210", habla ahora sobre la presión que enfrentó en el set para aparecer constantemente con atuendos provocativos. En el podcast " I Choose Me ", revela cómo los productores insistían en que las actrices filmaran escenas en traje de baño o pantalones cortos, incluso sin una justificación argumental.
Presión generalizada sobre la vestimenta
Incluso antes de la emisión de los episodios de verano, el productor estadounidense Aaron Spelling anunció explícitamente: «Chicas, este verano usaremos trajes de baño». Gabrielle Carteris, entonces veinteañera, se negó sistemáticamente: «Usaba pantalones cortos, mi leotardo, mi overol y mi camiseta de tirantes, pero nunca un traje de baño». Explica esta firme postura: «Tenía un cuerpo bonito por aquel entonces, pero me enfurecía que la gente hablara de él». Esta negativa ilustra la mirada masculina dominante de la época, donde los personajes femeninos a menudo se reducían a su apariencia física.
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El sexismo cotidiano en los años 90
Este testimonio forma parte de un contexto más amplio: las series de televisión y los anuncios de la década de 1990 normalizaron la explotación de la apariencia física de las actrices. Gabrielle Carteris recuerda sus experiencias en publicidad, donde la ropa sugerente era la norma: «En aquel entonces, ciertas cosas se podían permitir. Yo jamás me habría presentado a una audición en traje de baño». A pesar de algunas figuras feministas como «Buffy» (Buffy Summers, en «Buffy, la cazavampiros», interpretada por Sarah Michelle Gellar), las protagonistas femeninas fueron con demasiada frecuencia fetichizadas, en detrimento de su profundidad narrativa.
Un fenómeno denunciado por otras actrices antes que ella
El testimonio de Gabrielle Carteris forma parte de una serie de declaraciones similares de actrices que trabajaron en los años 90 y 2000. Actrices de series como "One Tree Hill", "Embrujadas" o "Smallville" también han relatado la presión que sufrieron para aparecer con atuendos sugerentes, a veces desde su adolescencia.
Estos relatos revelan una cultura profundamente arraigada en la industria, donde la apariencia de las mujeres a menudo primaba sobre su actuación o la coherencia de la trama. A través de estas voces que ahora se alzan, emerge una crítica sistémica que cuestiona décadas de prácticas normalizadas, pero rara vez cuestionadas en su momento.
A sus veintipocos años, durante las primeras temporadas de "Beverly Hills", Gabrielle Carteris ofrece una lúcida visión retrospectiva: "Era joven, guapa y estaba enfadada". Su negativa a ajustarse a estos códigos de vestimenta demuestra una temprana resistencia al sexismo cotidiano de la industria.
