Michelle Obama denuncia enérgicamente la persistente doble moral que enfrentan las mujeres, quienes son juzgadas principalmente por su apariencia y no por sus logros. En el podcast " Call Her Daddy ", del podcaster estadounidense Alex Cooper, la ex primera dama de Estados Unidos comparte su experiencia personal y sensibiliza sobre la misoginia arraigada en la cultura global, utilizando numerosas citas contundentes para respaldar sus argumentos.
Una carrera excepcional ensombrecida por las críticas
Graduada de Princeton y Harvard, Michelle Obama forjó una impresionante carrera como abogada, líder de organizaciones sin fines de lucro y vicepresidenta de la Universidad de Chicago antes de servir en la Casa Blanca de 2009 a 2017. Sin embargo, durante su tiempo en los medios, los comentarios se centraron constantemente en su vestimenta en lugar de en sus discursos o su pasado. Cita como ejemplo un perfil de revista cuyo titular comenzaba con su atuendo, relegando su educación y carrera a un segundo plano: "El titular empezó con lo que vestía, no con mi educación ni mi carrera: todo empezó con mi apariencia".
La humillación corporal como arma de control
“Los hombres siempre atacarán tu apariencia si eres mujer. Es una costumbre profundamente arraigada en la cultura global intentar poner a las mujeres en su lugar atacando su apariencia física”, observa con claridad. Esta estrategia, según Michelle Obama, trasciende fronteras y persiste a pesar del progreso feminista, convirtiendo el cuerpo femenino en un blanco fácil para desacreditar las ideas expresadas.
Educación y esfera privada: opciones activistas
Para contrarrestar esta misoginia, Michelle Obama ha aumentado sus apariciones públicas en libros como "Becoming" y en conferencias. En casa, cuida sus palabras hacia sus hijas, Malia y Sasha: evita preguntarles si están "saliendo con alguien", una pregunta que considera sexista y un reflejo de las inseguridades parentales, y enfatiza "¿por qué las mujeres necesitarían a 'alguien' para existir?".
Michelle Obama transforma así su propia experiencia en un alegato universal contra la doble moral, invitándonos a cuestionar nuestros reflejos lingüísticos y culturales. Su mensaje resuena como un llamado a valorar a las mujeres por su intelecto y sus acciones, lejos de los juicios superficiales que aún obstaculizan su desarrollo.
