Durante la infancia, pasamos las noches a la luz de una lamparita, y a veces este reconfortante ritual continúa en la edad adulta. Esta pequeña luz ambiental nos tranquiliza y evita que confundamos la pila de ropa en la silla con un ladrón. Mientras que algunas personas necesitan oscuridad total para dormir, otras prefieren ver su entorno. Sin embargo, dormir con la luz encendida es un mal hábito para el corazón.
Dormir con la luz encendida no es bueno para el corazón.
Cuando eres niño y aún crees en el monstruo del armario, pides una lamparita. O le pides a tu mamá que deje la luz del pasillo encendida hasta que te duermas. Aunque tus padres te dijeran constantemente: «Esto no es Versalles», al caer la noche, te permitían este privilegio. De adulto, a veces mantienes esta costumbre, y no solo en ocasiones especiales, cuando apagar la luz requiere una fuerza sobrehumana. Tus lamparitas permanecen encendidas desde la hora de dormir hasta la de despertar, y son como tu manta de seguridad. Calman tus miedos y te dan una sensación de control sobre tu entorno.
Pero aquí está la mala noticia: nuestros corazones no están de acuerdo y sufren en silencio por este hábito nocturno. Puede que no sintamos que los estamos dañando ni que los escuchemos pedir ayuda, pero a largo plazo, esta práctica puede tener consecuencias dramáticas. Esta es la conclusión de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Flinders. Para llevar a cabo su investigación, dieron seguimiento a casi 90.000 adultos durante diez años. Los participantes, la mayoría de los cuales tenían alrededor de sesenta años, tenían hábitos de sueño radicalmente diferentes. Quienes dormían con la luz encendida tenían un 42 % más de riesgo de sufrir un infarto.
"Esta relación ha demostrado ser consistente, independientemente del nivel de actividad física, la dieta, el tabaquismo o la predisposición genética a las enfermedades cardíacas", explica StudyFinds . Ya sea que esta luz provenga de una pantalla de televisión, una lámpara tenue o un panel LED, su intensidad es indiferente. Esta luz, que alivia nuestro malestar psicológico, agrava simultáneamente las enfermedades cardiovasculares.
La luz confunde al cuerpo y le impide repararse.
No es casualidad que los expertos recomienden apagar las pantallas una hora antes de acostarse. La luz artificial, ya sea azul, blanca, amarilla o rosa Barbie, engaña al cuerpo y lo mantiene despierto. Los científicos coinciden en este punto: la luz, por muy relajante que sea, es un elemento disruptivo. Interfiere con la secreción de melatonina y desequilibra el ritmo circadiano, el reloj interno que sincroniza el cuerpo con el ciclo día-noche. Y un pequeño fallo en el mecanismo basta para afectar a todo el cuerpo.
El sistema nervioso se mantiene muy activo, la frecuencia cardíaca aumenta y las hormonas del estrés se disparan. Esto a veces explica esas palpitaciones tan desagradables al despertar, a menudo atribuidas a una pesadilla. «A largo plazo, vivir en un entorno con luz artificial engaña al cuerpo y lo sume en un estado de alerta crónica, impidiéndole descansar y recuperarse adecuadamente», explica Business Standard . Otro hallazgo del estudio, y además significativo, es que las mujeres son las más afectadas y sufren con mayor intensidad los efectos de esta luz nocturna. El término «contaminación lumínica» nunca ha sido más preciso.
Buenos hábitos para proteger tu corazón mientras duermes
El corazón, que es literalmente nuestro motor, ya se somete a una considerable presión diaria por el estrés, así que no hay que maltratarlo durante el sueño, el único momento de respiro disponible. Es recomendable apagar todas las luces y, si es necesario, cubrir las piezas incandescentes del router o el televisor. Además, coloca el teléfono boca abajo sobre los muebles (sí, eso importa). Invierte en cortinas opacas si entra luz exterior por las ventanas. Aquí tienes otros consejos para cuidar tu corazón, que ya está sobrecargado:
- Mantenga una temperatura ambiente confortable. Entre 18 y 20 °C es ideal para promover un sueño reparador y evitar el estrés cardíaco.
- Adopte una posición adecuada para dormir, boca arriba o sobre el lado izquierdo, para facilitar la circulación y reducir la presión sobre el corazón.
- Limite los estimulantes antes de acostarse. El café, el té, el alcohol o las comidas copiosas pueden aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
- Controlar el estrés y la ansiedad. Los ejercicios de respiración, la meditación o la lectura tranquila antes de acostarse reducen las palpitaciones nocturnas.
- Mantener un horario regular. Acostarse y despertarse a horas fijas estabiliza el ritmo circadiano y favorece la salud cardíaca.
- Esté atento a las señales de alerta. Las palpitaciones, la dificultad para respirar o el dolor torácico nocturno deberían ser motivo de consulta médica.
Dormir con la luz encendida puede parecer inofensivo, pero desde dentro no es tan inocente como parece. Sin embargo, el objetivo no es sufrir insomnio, así que si la luz es realmente una fuente de bienestar, opta por luces nocturnas rojas.
