¿Se te ponen los dedos blancos y de repente dejan de dolerte al exponerte al frío? Es como si esa parte del cuerpo se hubiera muerto. Esto no se debe solo a las bajas temperaturas. Es una afección bastante grave, pero bastante común: el síndrome de Raynaud. Y, al contrario de lo que se podría pensar, no es un fenómeno exclusivo de la vejez.
Síndrome de Raynaud, una enfermedad subestimada
Si cada salida invernal deja tus manos casi sin vida, insensibles y anormalmente blancas, no se trata solo de una afección cutánea. Puede que estés sufriendo el síndrome de Raynaud sin darte cuenta. Esta afección, aún poco conocida, convierte tus dedos en cubitos de hielo . Cuando sufres un ataque como este, te sientes completamente abrumado. En pocas palabras, pierdes toda sensibilidad en las extremidades. Puedes pellizcarlas, arañarlas, morderlas; tus manos están entumecidas o en estado de coma.
El síndrome de Raynaud es un fenómeno vascular. En concreto, los pequeños vasos sanguíneos de los dedos de las manos (o, a veces, de los dedos de los pies, la nariz o las orejas) se contraen excesivamente en respuesta al frío o al estrés. Esta constricción reduce temporalmente el flujo sanguíneo, causando la característica coloración blanquecina o azulada. Al restablecerse la circulación, los dedos pueden enrojecerse y presentar hormigueo, a veces incluso una sensación de ardor.
Existen dos formas: el Raynaud primario, a menudo benigno y aislado, y el Raynaud secundario, asociado a otra enfermedad, como ciertos trastornos autoinmunes. En cualquier caso, nunca es una experiencia agradable, pero saber reconocer el fenómeno es el primer paso para un mejor manejo.
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¿Por qué algunas personas se ven más afectadas que otras?
El síndrome de Raynaud no es una enfermedad de la tercera edad que aparezca en etapas tardías de la vida. Afecta más a las mujeres que a los hombres y suele aparecer antes de los 30 años. Puede ser hereditario: si tu madre o hermana lo padecen, tienes más probabilidades de sufrirlo. El estrés emocional o la exposición prolongada al frío desencadenan ataques, pero a veces de forma tan sutil que estos síntomas se confunden con simples escalofríos.
Ciertas profesiones o hábitos también aumentan el riesgo: trabajar con una computadora, manipular herramientas vibratorias, fumar o beber mucho café pueden acentuar la reactividad de los vasos sanguíneos. Inicialmente, el síndrome de Raynaud puede ser aterrador y causar ansiedad, especialmente si se es propenso a la hipocondría.
Cómo reconocer el síndrome de Raynaud
¿Cómo puedes saber si solo tienes icebergs en lugar de manos o si el síndrome de Raynaud te ha afectado los nudillos? Lo que distingue el síndrome de Raynaud de un simple resfriado pasajero es la regularidad y secuencia de los cambios de color.
Los dedos suelen cambiar de color, pasando de blanco (falta de circulación) a azul (falta de oxígeno) y luego a rojo (reactivación del flujo sanguíneo). Estos episodios pueden durar desde unos minutos hasta una hora. Si nota que estos episodios se repiten cada invierno, o si ocurren incluso con temperaturas moderadas o durante períodos de estrés, se recomienda consultar con su médico.
Cómo limitar los síntomas
Este síndrome, que haría las delicias de nuestros queridos Miércoles Addams, no es inevitable. No estás condenado a pasar el resto del invierno con los dedos entumecidos. La primera regla es simple: protege tus extremidades. Guantes abrigados, calcetines gruesos, un gorro e incluso calentadores de manos pueden reducir la frecuencia de los ataques. El frío no es el único enemigo: el estrés también contrae los vasos sanguíneos, de ahí el beneficio de las técnicas de relajación como la respiración profunda, el yoga o la meditación.
Ciertos consejos cotidianos también pueden marcar una gran diferencia. Evitar el tabaco, limitar la cafeína y hacer ejercicio regularmente para estimular la circulación sanguínea son acciones sencillas que pueden marcar la diferencia. En casos más graves, un médico puede recetar medicamentos que dilatan los vasos sanguíneos y mejoran el flujo sanguíneo.
El síndrome de Raynaud es particularmente debilitante porque afecta una parte del cuerpo que usamos casi constantemente. Sin embargo, podemos actuar y recuperar el control de nuestros movimientos, siempre que seamos amables con nosotros mismos. Agarrar el volante, abrir las puertas de los edificios... ya no será una pesadilla, sino una tarea rutinaria.
