Hay historias que nos recuerdan con fuerza que la memoria no se limita a las palabras. Algunas se transmiten a través del cuerpo, del movimiento, de la emoción pura. La historia de Marta Cinta González Saldaña es una conmovedora y luminosa demostración de ello.
Una escena sencilla que se ha vuelto universal.
En 2019, en una residencia de ancianos de Valencia, España, un vídeo grabado sin ninguna puesta en escena conmovió a millones de personas en todo el mundo. Muestra a Marta Cinta González Saldaña, una exbailarina de ballet que ahora padece Alzheimer. Sentada en un sillón, parece tranquila, casi inmóvil. Entonces empiezan a sonar las primeras notas de El lago de los cisnes de Chaikovski.
En ese preciso instante, algo se mueve. Su cuerpo se endereza, sus brazos se elevan, sus manos se abren con precisión. Cada gesto es fluido, grácil, perfectamente controlado. No se trata de un movimiento improvisado, sino de una danza profundamente arraigada, la danza de toda una vida dedicada al arte del ballet.
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Cuando el cuerpo recuerda antes que las palabras
Marta no habla. Sin embargo, su cuerpo lo cuenta todo. Sus movimientos son precisos, rítmicos, guiados por una memoria corporal intacta. A pesar de su enfermedad, su cuerpo sigue siendo un espacio de conocimiento, poder y belleza. Se convierte en un lenguaje propio, capaz de expresar lo que las palabras ya no pueden transmitir.
Esta escena nos recuerda que el cuerpo nunca está vacío, nunca es inútil. Incluso debilitado por la enfermedad, conserva su dignidad, su inteligencia y su capacidad de sentir. Los gestos de Marta demuestran que el cuerpo alberga recuerdos profundamente arraigados, mucho más allá de las capacidades cognitivas.
El papel clave de la música terapéutica
El video fue grabado por la asociación Música para Despertar, especializada en el uso de la música como herramienta terapéutica para personas con trastornos cognitivos. Su enfoque se basa en una idea simple pero poderosa: la música personalizada puede estimular la memoria, calmar la ansiedad y reconstruir conexiones emocionales.
En el caso de Marta, el efecto es inmediato. Desde las primeras notas, la melodía actúa como un detonante. La música abre un espacio donde el cuerpo puede expresarse libremente, sin restricciones, sin juicios.
Una memoria que resiste a la enfermedad
La neurociencia confirma lo que esta escena ilustra tan poderosamente. La memoria musical y motora suelen ser de las últimas en desaparecer en las personas con Alzheimer. Las áreas del cerebro vinculadas al ritmo, la música y los gestos aprendidos a lo largo del tiempo a veces se ven menos afectadas por la degeneración. Por eso algunas personas aún pueden cantar, llevar el compás o bailar, incluso cuando ya no reconocen a sus seres queridos. La música actúa como un hilo invisible que conecta el pasado con el presente, el cuerpo con las emociones.
Un vídeo que se volvió viral y dio esperanza
El video de Marta se viralizó rápidamente en redes sociales. Acumuló millones de visualizaciones y desató una ola de emoción global. Muchos internautas compartieron sus propias experiencias, mencionando a un padre, abuelo o ser querido afectado por la enfermedad. Este momento grabado ayudó a cambiar la percepción del Alzheimer. Ya no se veía simplemente como una enfermedad del olvido, sino también como una condición donde aún existen espacios para la sensibilidad, el placer y la expresión física.
La escena es breve, pero su impacto es inmenso. Marta no recuperó sus recuerdos verbalmente, pero bailó. Y este gesto basta para recordarnos que, incluso en el olvido, ciertos hitos permanecen profundamente arraigados. Su cuerpo se convierte en un símbolo de esperanza: demuestra que la memoria puede tomar otras formas, que la belleza aún existe y que la danza, a veces, nos recuerda.
