Tradicionalmente asociado a un público masculino, el cine de terror atrae cada vez más a las mujeres. Cines, plataformas de streaming y comunidades de fans lo confirman. Detrás de este entusiasmo se esconde una historia fascinante: la de un género basado durante mucho tiempo en roles de género, reinventado gradualmente por las mujeres que retrataba.
Cuando el miedo todavía era una cuestión de roles
Para comprender este cambio, debemos remontarnos a la década de 1980. En 1986, un equipo de investigadores liderado por Dolf Zillmann publicó un estudio en el Journal of Personality and Social Psychology que marcaría un hito en la investigación sobre las reacciones a las películas de terror.
El principio es sencillo: los estudiantes ven una película de terror con un compañero del sexo opuesto. Dependiendo del grupo, este compañero muestra compostura, indiferencia o, por el contrario, un miedo muy evidente. A continuación, los participantes valoran su propio disfrute, así como su percepción de su compañero. Los resultados son particularmente reveladores.
Él debe permanecer impasible; ella puede temblar.
En aquel momento, las reacciones observadas parecían sacadas de una película. Los hombres afirmaron disfrutar más de la experiencia cuando estaban acompañados por una mujer asustada. Por el contrario, su disfrute disminuía cuando su pareja permanecía completamente tranquila. En el caso de las mujeres, la situación era la inversa: disfrutaban más de la película cuando estaban con un hombre impasible y mucho menos cuando este mostraba abiertamente su miedo.
La proyección de la película se convierte entonces en una especie de encuentro social donde todos están invitados a participar: miedo para ella, valentía para él. Sin embargo, conviene tener cuidado de no sacar conclusiones definitivas sobre los supuestos gustos «femeninos» o «masculinos» a partir de esta experiencia. El estudio data de hace casi cuarenta años, involucra a estudiantes estadounidenses y se basa en una sola película. Refleja principalmente las normas sociales de su época. Y eso es precisamente lo que lo hace interesante.
El gran giro en el cine de terror
Desde entonces, la relación de las mujeres con el terror ha cambiado profundamente. Una de las figuras emblemáticas de esta transformación es la de la " chica final ", la superviviente que aparece notablemente en las películas de terror de los años 70.
Inicialmente, es principalmente la que escapa de la masacre. Poco a poco, se convierte en mucho más: una heroína fuerte y decidida, capaz de comprender el peligro, resistir e incluso, en ocasiones, imponerse a quien la amenaza.
El cambio no termina ahí. Directoras han adoptado el género para contar historias íntimas y conmovedoras: el duelo, la maternidad, las transformaciones corporales, la violencia, pero también la angustia muy real de sentirse vulnerable en espacios públicos. El terror se convierte así en un lenguaje particularmente eficaz para resaltar lo que da miedo, sin necesidad de apartar la mirada.
¿Por qué a las mujeres les gusta tanto sentir miedo?
Este es quizás el punto más fascinante. El cine de terror transforma en un espectáculo amplificado una emoción que muchas mujeres pueden experimentar en su vida diaria: estar atentas a su entorno, detectar una situación inquietante, anticipar un peligro potencial.
Frente a la pantalla, este miedo adquiere una nueva dimensión. Se vuelve ficticio, contenido y, sobre todo, controlable. Puedes cerrar los ojos, pausar o simplemente apagar el televisor. El peligro permanece tras la pantalla. Esta distancia te permite recuperar simbólicamente el control sobre una emoción que, en la vida real, no siempre es tan fácil de manejar.
De víctimas a agentes de su propio miedo.
Este es quizás el verdadero punto de inflexión. Las mujeres no solo se han sumado al público del cine de terror, sino que han contribuido a transformar el género. Lo que antes era un terreno donde solían aparecer como las víctimas perfectas se ha convertido en un espacio donde pueden contar sus propias historias sobre el miedo, el cuerpo y el peligro.
Lo fascinante, entonces, no es que a las mujeres les gusten las películas de terror, sino que han reivindicado un género que durante mucho tiempo las había relegado al papel de meras gritadoras, transformándolo en una poderosa plataforma de expresión, resistencia y empoderamiento. En definitiva, afrontar el miedo de frente podría ser una de las maneras más liberadoras de impedir que tenga la última palabra.
